Da penita, penita, pena, verla por los rincones, como la
Zarzamora llorando, resbalándole la sal de los siglos por sus enrojecida
mejillas de dolorosa sevillana a esta Hispalis encontrada, arrancada, y desubicada,
como la misma plaza de abastos,
eternamente provisional, arrinconada, y soñando ladrillos del Imperio volver a se Colonia alguna vez , en el mismo lugar del que la sacaron.
Con estas premisas, nos encontramos en ese tiempo de calma
tensa de la espera, siempre la espera en lo de la Encarnacion, para saber qué
ocurrirá en el solar de la Encarnación y que será su nueva encarnadura, dura,
dura, pero siempre temiendo lo peor. El incierto futuro de los placeros que
resitan.
Desde luego que no parece que allí se esté construyendo un
sueño, basta ver las enormes zapatas de cimentación, capaces de aguantar a la
mismísima Torre Biótica de Shangai, original idea made in Spain, aunque las
previstas setas de premio, de vanguardia, de encarnadura, dura, dura, se
parezca mas de la cuenta a la cubierta de su circuito automovilístico, al Museo
de Metz y a la gasolinera de Hannover, que a la altísima torre de 300 plantas
proyectadas por Eloy Celaya. ¿Qué será?
Da penita, penita, pena, con tantos cambios, y además saber que el
jurado de prestigio valoró altamente la originalidad, sin tener en cuenta donde
se colocaría tanta creación. Con lo cual uno no sabe si correr, llorar, o
seguir durmiendo, Z z z z z z z z z z z z z z z, en un profundo R.E.M..
Francisco Rodríguez Estévez
Sevilla 20-10-05