Tu sabrás, me dijo el pensamiento cuando hoy hice lo que no podía evitar, pero se dio así este dia que me hubiera gustado compartir con una mujer maravillosa que me cambió todos los planes que me había hecho. Tenía un compromiso anterior y acudí pensando en que me daría tiempo para regresar, como efectivamente ha sucedido, solo que ella no quizo atender mis llamadas.
Una hora y veinte minutos de cuando la llame para que si era su gusto almorzar, como quien dice sentarnos en una terraza como dia de la mujer, y del hombre que ama a una mujer. Eso cuando me encontraba en un punto tan distante que posiblemente la velocidad empleada para volver no fue en ningún momento la apropiada, y ahí en el deseo de llegar diría que para regresar a tiempo hasta tuve suerte de no sufrir un accidente.
Con cierta ventaja al crono, y aparcar en infracción, para subir a casa y coger algo limpio sin refrescarme, fue todo. Y advierto el móvil sin batería. Por suerte recordé uno de sus regalos y así conectado a la batería de móvil,l busque la calle como nunca pensé que lo hiciera, otra cosa es que apenas un recorrido de aquel trayecto, caí en la cuenta que falta estar en forma para esta actividad de la marcha olímpica por el callejero de intramuro.
Ninguna respuesta a las múltiples llamadas, a veces pienso que si fuera gato me atendería como ella hace con sus animales, me hubiera gustado almorzar, deseaba hacerlo, no es fácil para ella encontrar tiempo para si, cuando tiene tantas almas a su alrededor. Aun teníamos posibilidad de almorzar juntos, pero en vanos intentos me atendió. Finalmente le pedia solicito que se asomara al ventanal para que me lanzara una cuerda en la que le ataría un detalle que había comparado el viernes cuando busque comprarme una camisa y adquirí otro par de zapatos.
Pruebo en los botones del porterillo y una vecina muy amable tras identificarme quien soy me da su clave es la misma de mi tarjeta sénior, y la del banco es la misma que ella tiene en su tarjeta. Tampoco dice nada, la llamada surte efecto, “ no estoy”, dice mi abuela que no está me contesta la voz que creo reconocer, y le digo no importa, baja tu. Y así lo hicieron dos de sus nietas con la que no medie palabra, salvo que me dieron las gracias, seguro que no la hubiera dejado salir para obsequiarlas con un helado de chocolate, y una tarrina para ella.
He llegado muy cansado, ni mi corazón, ni mi cuerpo esta para esto, si acaso mejor esta mi coche que por suerte había un hueco para estacionarlo. Estoy convencido que estos pequeños detalles les gusta aunque pongan peso, pero sabe que se, que ni con bombones ni flores, ni con belleza apolínea ni figura helenística la podría conquistar, cosa que suena a otro tiempo, pues solo con el respeto y el cariño tendría alguna posibilidad de compartir “Lo que queda del día” antes de que se cierre la noche. Ella lo sabe, los dedos de luz le recordaran que tenemos tantas cosas por hacer para endulzarnos la existencia, que bien podríamos empezar desayunando mañana. Y le contare todo otra vez.
Sevilla a 6 de Marzo de 2026
Francisco Rodriguez