Hoy ni baje a la calle, me quede escuchando la radio de despertador sin ninguna intención de levantarme, pero el habito hace al hombre y apenas aguanté uno minutos más entre las sabanas, no tendría donde ir pues los visos de alerta roja y el fuerte viento con aguacero en las oscuridad de un amanecer que aún le quedaban minutos en caso de que el Sol apareciera, pero es que Leonardo se ha impuesto a los puntos al mismísimo Lorenzo, el cambio.
Puesto a cambiar me dispuse a poner orden en mi desorden y pude quitar todo lo que estaba encima de la mesa del salón, y de paso darle con pronto que cabio el polvo por brillo y quedó como hacía tiempo que no la veía, pues luego hicimos igual con el resto de los muebles en los que agolpo las cosa hasta donde ni imaginar. Luego la mesa de escritorio que a veces me hace las veces de oficina y comedor a la misma vez, y luego las mesas de ordenadores, fotocopiadora, y sus seis cajones que lo esconden todo.
Aun no sé nada de ella en este dia tal como un confinamiento meteorológico que nos ha traído el loco de Febrero, para que pase su fechorías por los anales de pluviometría y yo le recordare como mi aniversario de un encuentro con el pasado, hoy presente e incierto futuro, siempre es incierto pero llega, y el presente se pasa de repente como moto alpina derrapante, ya, cuando estaba por llamarla mi teléfono deja ver su nombre en la pantalla. ¡Es ella!
Me llama sencillamente teniendo tantas cosas por hacer, y es que no para esta mujer, porque me quiere, eso que hace como solo ella puede querer, acaso no sería tan autentico su cariño de otro manera y así la quiero que sea no podemos cambiar a estas alturas de la vida que nos queda.
No vale la conjeturas de lo que pido haber sido y no fue que más parece bolero, y ciertas son las dificultades que hay que superar, y la verdad no es la nuestra una en la que valga la pena crearlas cuando ya tenemos hecho el camino pasito a paso, ese que no volverá a pasar no seria cuestión de dejar pasar esta vida sin ofrecernos una ocasión que tenemos, y ella lo sabe.
No dejo de pensar si es romántico, puede que no lo sea, o si es mejor ser discreto, advierto que sea por su carácter intimo que poca prenda suelta cuando me desprendo de todo lo que cubre un pasado que nadie conoce tal como le descubrí en estos diálogos ozores que tanta risas nos causa, posiblemente porque estamos siendo cautivos de nosotros mismos.
Hoy cuando su voz no se conecta en mis oídos en la frecuencia que quiero llegar a escucharla, esa voz que ni tan siquiera los auriculares me la hace llegar, esa voz que me habla al corazón y me juega como mi móvil que cuando acabamos la conversación se ha instalado un pajarito que trina y enciende la luz de la linterna, como ella cuando encienden mis palabras. Al parecer he tocado una alarma.
Sevilla a 4 de Febrero de 2026
Francisco Rodriguez Estevez