Todo ha cambiado de aquella amable Encarnacion de plaza.que con nocturnidad aquel día de feria le talaron abatiendo las pocas pseudoacacias que le quedaban de la fronda perimetral que perfumaba con sus blancas florecillas el paso de la Macarena, donde anidaba el vencejo, para que ahora sea un juego de luces y escalinatas rodeada de bares. Todo cambia
La Feria también fue cambiando desde aquel año del 1973, año de la provisionalidad que se llevaría a cabo en primero de Octubre,como banda del crimen, pero todo pasa, y no pasa nada por lo de las setas, antes Encarnacion, que pasaba tranvía, y que nunca pasará a el metro, y ahora dicen que cuando retiren el mamotreto de metacrilato del nonato aparcamiento, nos anuncian el tranvibus que mandará a “osario” a los autobuses, no te digo Salinas, como diría el periodista Andrés Montes, todo se olvida, jugones.
No sé porque nunca pensé que caminaría desde la calle Juan Belmonte del Real de la Feria, pasito a paso, de cuantos pasitos di, hasta llegar hasta mas allá del convento de Capuchinos, tal como hice entre risas acompañado por una bellísima mujer a la que despedí sin recompensa, en la cancela que cierra su vivienda. Pues no una si no dos, ella lo volvió a conseguir, y en una mañana de propuestas sin contestación en la modernidad de los wapsap inesperadamente me facilita su ubicación. Estoy aquí.
Desde hace unas semanas mi morturada espalda tiene a la pierna izquierda tal que fuera dolorosamente forrada de hierro, por lo que la combato con toda las medidas , tabla de ejercicios, agua fría, agua caliente con sal, voltarem crema, nolotiles, parancetamoles y antiinflamatorio con relajantes musculares, masaje con infrarrojo y medias de comprensión. Total una hora, como para correr.
Sin ánimo ya de desplazarme al Real de la Feria de Sevilla, me disponía a almorzar y solo saber que estaba allí que motivó cambiar mi plan de descanso para sin demora estar en el mismo sitio y a la misma hora, de donde llegado el momento volveríamos ha realizar la vuelta como un camino de esperanzas y sueños, lleno de risas tal como el año pasado.
Un larguísimo paseo que se hace corto, recordando vidas pasadas de viejos desconocidos que se conocían, crean si les digo que algo tiene que da alas a mis piernas, en una levedad casi tan sensible como su espalda, a que sintió como un pinchazo a la suavidad de la caricia de mi dedo en la gasa roja de su vestido de vestal de Eros.
El helado de pistacho no es arma para el amor, si acaso el arandano tiene mas propiedades, y solo a cambio de pollo loco, o potaje de garbanzos con el pimenton de mercadona. Es una pasión gastronómica que nos hace reír, y ni os podéis imaginas si no veo lo que veo, pues tengo que jurarle que no vi lo que al parecer ella cree que veo cuando no puedo quitar mis ojos de ti que cantaba Matt Monrro cuando yo era un pincel, mientras el humo ciega sus ojos, como cantaban The Platters, y todo hubiera cambiado. Bartimeo, le vió.
Las risa llegaron hasta la enorme reja que separa la clausura que perdí por cuatro tonterías que sin perdón me impide disfrutar. Vuelve a ser como aquellla provisionalidad que cuando hicieron setas gané pero perdí, mas me duró poco la anunciada derrota, porque cuando perdí gané. Sera el triunfo merecido y lo sabe.
Sevilla a 23 de Abril de 2026
Francisco Rodriguez