
Igualdad
Vengo a recordar a quien en su tiempo de ilustrísima, negó la sal a lo de las setas, hasta que hizo coto en la Alameda, Ay, Alameda.
Con retorica de zascandil que colmataba de boutade de la gracia sevillana, para decir si y no a la misma vez, y no decir nada. Pues el tal, tenía en el discurso básico el elemental querido, como en lo de la Encarnacion de su pacto, al que la imaginó en “seta viva“ como cúpula de un “planetario”, vergel de enredaderas, zona de descanso, nudo de intercomunicación modal, pues con todo…….aun más prevalecía en el parámetro de la igualdad entre los damnificados, como diría Blakye, vamos a llevarnos bien, lo que haya que llevarse.
Ni tan siquiera el que fuera en su tiempo de ilustrísima, entre bromas de Marx y las ideas de Carlos, que era Alfredo, con el gag de la madera, y que aun está sentado en caoba tapizada, mas madera.
Pues ni tan siquiera apareció un día por visitar el laberinto, ni a sus pobresitos placeros que aguantaron tres años más de su día de predicción, antes de elvarse.
Todo para ver las igualdades en el fanal. Esas igualdades que llenaba la boca de marxismo de Groucho, y con el solo galimatico diseño ya hacen ver lo disparatado. La asimetría de los viales soslaya el propio Reglamento de plaza municipal de abastos, de esta mariana y callada ciudad.
Evidentemente no se exigió nunca la igualdad que exigía el tío de la pipa, el del planetarium bajo setas, el de la boutade. El doctor se fue, Ay, Alameda, adjudicando el voto de calidad y unos pocos de millones a la cosa, y además, el regalo de la desafectación del edificio público por cuarenta y cuatro años, a partir de la inauguración de aquel que se realizará en tal lugar y cuya construcción al parecer se está iniciando en plena pandemia del año de las ratas chino.
La visiones del delfín, que ambicionó caoba le llevaron a realizar cuentos de la lechera como si se tratara de un mundo de números rojos de encaje pero de bolillos, y el doctor embaucado por los prodigios de los números del papel y el papelón, modernidad y vanguardia, debió de creer que las seta le llevaría a ocupar un lugar en la historia y a poco que se torcieron, el delfin tuvo que buscar aguas mas templadas justo cuando empezó la madera a arder en la locomotora del comercio, y Harppo desmontaba todos los asientos, ¡Mas madera! y Chico no llegaba hasta la caldera de vapor donde todo ardía.
Hay, que inaugurar , gritaba, y el tercer edil, subió hasta lo mas alto por solo una ocasión que tuvo y apretó el ultimo tornillo simbólicamente.
Y los pobrecitos placeros en el fanal de los errores, nido de desigualdades, de sistema obsoleto que no renueva el aire, de puertas manuales de pesadas hojas, de atascos continuados, de gastos inexplicables acaso sean lo que queda de aquel disparate.
Y siguiendo la estela de ¡más madera!, ya lo veis donde ha llegado con su risa de madera. Y del delfin esotérico que quería ser alcalde, por ahora sigue en la mística de los sueños. El doctor, reconvertido https://sevilla.abc.es/politica/alfredo-sanchez-monteseirin/, debe de buscar una cesantia o una jubilación dentro de la pandemia, pues con su edad ni está para consultas de ediles de pueblos.
El tercer hombre, el del tornillo, preside cátedra de setas, tal que fuera micólogo y como Harppo la gracia está en su silencio marxista, o cuando menos Sanchista, de Sancho Panza, escudero de Quijote.
Con todo no parece que en este año de la rata, los pobrecitos placeros tengan la menor intención de mejorar su modus operandi y lograr la igualdad en un mejor modus vivendi antes de que las ruinas, les lleve tal como a la Colonia de la Imperial Hispalis Julia Romula.
Sevilla a 31 de Mayo de 2020
Francisco Rodriguez