La factoría de los embustes
Lo imposible es lo imposible, y por lo tanto nadie lo pudo
hacer posible, ni siquiera el intento, lo que evidenciaba que lo imposible era que hubiera una rectificación,
la del sabio, si bien, por todas las que se juntaron parecería que rectificar,
una cada día, aquello fuera cosa de necios.
Por nada del mundo llegaba la sabia rectificación pública
que, junto a la técnica, (por complicada que fuera) era aconsejable llevar a
cabo en cada uno de los errores que aparecía, y que por lo general eran
intencionadamente silenciados, pero siempre acabaron, por sus cortas patas, sabiéndose
todo.
En la fabrica de los embustes el silencio no impedía que se
supiera tanto de las improvisaciones realizadas a la ligera, bastaba ver
aquello, y leer las mentirosas declaraciones que aparecían en los medios. Pero
eso no era todo, si para completar el disparate la estrategia aparecía con
nuevas invenciones, tantas fueron las que tuvieron que llevarse a cabo para que
el desconocido, por desfigurado, e imposible proyecto de las setas, totalmente
ido de las manos, no causara, por temido, el posible efecto boomerang, y todo
se volviera en contra.
Cierto es que lo recomendable, lo sensato, debió de ser la
paralización de aquello, por como pudiera interpretarse ese gesto, justo en el
momento de las elecciones municipales, si con seguridad se interpretaría como
signo de una debilidad que, con seguridad, hubiera acabado toda
posibilidad de alcanzar el poder para erigir el mastodontico y transgresor
icono.
No es que sea fácil de tragar este producto, pero usted
mismo tiene la oportunidad de hacerlo.
Sevilla a 7 de Junio
de 2010
Francisco Rodríguez
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