Hoy tenía cita médica en esa hora que te parte la mañana, pero sé que lo hubiera dejado y aun cabía posibilidad de desistir después de tanto tiempo esperando los resultados. Pero siempre puede ocurrir lo inesperado, a las ocho de la mañana me llaman del centro de salud, no sé porque pero algo me debió de suceder ahora que estoy tan “distraído” para atender esa llamada de numero desconocido, tenia que se así, me comunican que la cita para hoy han cambiado de hora y lugar y me solicita si pudiera ir lo antes posible.
De inmediato tomo una cálida ducha con gel perfumado y estreno ropa interior por si acaso. La circunstancia me hace llamarla para decirle que en cuanto acabe voy para su casa. En menos de una hora estaba delante del urólogo que me indica que me siente mientras su vista está en el ordenador, que al mirarme realiza cuatro preguntas, y tras mis respuestas, decide dar el alta al no encontrar nada que se encuentre fuera de parametros normales en la ecografia, afirmando que desconoce el trámite habido y la demora de años para llegar derivado a su consulta.
Le solicito que por favor me vea una pequeña y molesta herida, producida acaso por rascar eso tan delicado, tal como gaton enfadado, petición que le hago para tranquilidad de ella.
El doctor Accede, mas dice que "eso" no entra dentro de su especialidad, y mientras se coloca los guantes me dice que me tienda y le muestre aquello, al retirar el slip estrenado expresa “esto está muy bien”, luego tocando con sus dedos el arañón de gaton, dictamina que esta curando y va cursando mejoría, aconseja conveniente lavar y aplicar clorhexidina no cubrir y dejar al aire, y no tocarlo, ni menos rascarlo.
La llamo y quedo en la puerta de su casa para acompañarla en las gestiones que casi a diario realiza fuera de su domicilio. Le cuento como fue todo y la sorpresa de que me llamaran para que pudiera verla. Vamos a cambiar el regalo de Reyes, que viajara a Oriente para ser cambiado por otro modelo. Le resulta pequeño pues le gusta los exornos y complementos personales que sean grandes, en especial sortijas, pulseras y brazaletes. Lo sé porque me lo dijo un dia cuando mirábamos un escaparate de joyas.
Vamos al banco, ella sabe sus cuentas, le gusta ser cautelosa pero algo le ha sucedido con la maquina del cajero, pues su enojo no debería ser con la maquina, mas me parecía por la maquinaria bancaria que nos contrala a todos como hacienda que somos todos, frase de tunecino Stanley Bendelac que costó un dineral a todos por lo que se le pagó por la tontería del embuste “Hacienda de lo lleva todo y porque no hay mas”. Ella cree en la ley de talión el que lo haga lo paga, pero de momento, está de parte de Julio.
Caminar para comprar heno me lleva a resentirme del gemelo, yo le hubiera dicho por deformación “jarrete”, los gemelos son pasadores y también compañones, que no es lo mismo, pues se trata de la parte posterior de la zona de la pierna que cubre la tibia y el peroné y lo mismo como está de moda en el futbol me ha pinchado el soleo, yo le hubiera llamado “culata” o “doncella”.
Queda lejos la tienda de heno, pero es del bueno, no tienen. De regreso conoce otra donde lo venden y compra dos bolsas, le sirvo de cajero automático llevo algo de efectivo que canjea con un pago a mi cuenta desde el móvil. Nos tienen controlado.
Hablamos de los ojos, la mirada dice mucho y siempre nos contesta. Me dice que ella sabe cuando alguien le miente mirandola a la cara, la miro, la miro y se ríe, dice que le miento, y solo cabe la explicación de que está perdiendo poderes, debe de ser el desgaste de todo lo que le preocupa y me parece que me ha incluido. Voy calladamente caminando junto a ella viendo sin mirar como sufre soportando el terrible dolor de espalda, no hablamos de dolores pero lo sabemos, sabemos lo que es dolor físico y el otro que ya pasamos como las paperas y las rubeolas no nos voveran a doler.
Ahora a comprar tierra de gato, ustedes creen que se puede tirar de un carrito de compra con todo eso, y además, Julieta dice que no anda. Hoy he pasado la verja y he visto el portal, se encontraba oscuro sin luz y ya vacío no estaba ni la Virgen con el niño, ni tan siquiera una oveja descarriada que la hubiera subido a su casa.
Ahí quedó, el silencio del dolor me hace llevar a rastras la pierna hasta llegar a mi casa, ella lo intuye y se preocupa por como llegué, ahora le doy las gracias, pero se que no ve el corazón mirando a los ojos, eso no es verdad, y ella lo sabe.
Sevilla a 14 de Febrero de 2026
Francisco Rodriguez .
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