miércoles, 21 de enero de 2026

Amor tiempo, buena cara

 


A veces medimos las  cosas por el tiempo, ya sabeis como son,los tiempos en nuestra ciudad. Lo de la Encarnacion, que era de tres años se llevó 38 años del nuestro, en la provisionalidad mas enjaulante e inimaginable, de la que solo sobrevivieron 30 de 429 vendedores de aquel mercado de 1820 que propiciaron los gabachos, antes de la huida de Soul, que tanto le robaron a esta ciudad en tiempo del francés.

Nueve meses, aun faltan algo más de tres meses para que se cumpla un año que hice carambola en el billar frances, que  nunca habia jugado, y falta algo más de dos meses de cuando lo dejé todo para ir a desayunar  con ella y puse los relojes en otra marcha, que ya no era la rutina de acudir a un mercado en dasaparición, ni de madrugones. Comenzaba el tiempo nuevo de la edad llamada dorada, que me trajo nuevos compañeros de juego, nuevas amistades y la oportunidad de conocerla, más cuando me dijo que me conocia y ahora trato de recordar el pasado que me cuenta. Ella asegura que me conoce, yo tambien. 

Un tiempo, dE menos de un año, que cambio el sentido de mis previsiones y se colmató de las  ilusiones de adolescente, Billares, guitarra, baile, cine y chica, que aunque ya todo me coge  un pelín gastado, como mi fiesta del 84, que aun tiene los neumáticos nuevos,  así como la batería y el estarte, el condensador y los platinos, para después de este descanso del guerrero, de cuatro meses que guardó reposo en el taller, que es el tiempo en espera, como la seguridad social, que teniendo roto el gemelo, aun estoy dando pasos del recomendado descanso de medico privado, para que me  asistan con el tratamiento recuperador, que por el momento, como doliente, sufrago de mi bolsillo, tal como salieron para los platinos, porque de no haber sido asÍ, no hubiera andando ni yo, ni mi coche.

No era recomendable caminar, pero como ¿sabéis lo de la carreta? a cuento de que gemelo me iba a privar de darme esos paseos que no tuve oportunidad en su tiempo, en los que ella no estaba para paseos, y lo mismo, como mi fiesta del 84 que ahora no lo cojo, porque no hay por donde llegar a su casa, ni menos aparcarlo ni a la ida, ni a la vuelta.

Se cumplirán cuatro meses en los que no pude acariciar su volante, ni tan siquiera he podido probar la baliza obligatoria, Pero al menos he sabido utilizar el servicio de autos con conductor por el Aljarafe de laberintos y vértigos, oir su risa y sus oraciones y escuchar los latidos de su corazón en los auriculares que me trajo el despistado Artaban.

Todo tiene su tiempo, la Encarnacion ahora es solo un recuerdo de luces y sombras como “metropol”, ella copa el mío al completo, haciendo planes sin tiempo, cuando el tiempo acelera Al propio tiempo  que se nos va, como ella me dice, un año más y estamos sanos. Pero tenemos de todo menos tiempo. Y ella lo sabe.

En el taller mi coche espera que el mecánico especialista disponga de esos minutos de tiempo para montar la pequeña pieza, podéis imaginar que no tengo ni pajolera idea de cuándo me llamaran para realizar la ecografía de mi gemelo. Cuando me llegue, estará cicatrizado, pues habrá tenido su descanso, pero ya sabéis todos, lo de la carreta, pues eso.

Sevilla a 21 de Enero de 2026

Francisco Rodriguez

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