Es lo que hay
Tal como está la cosa me costaría creer que los placeros de
la plaza municipal de abastos no supieran de los factores que desde hace
décadas les vienen afectando a sus negocios cada vez más reducido, y que se
hace palpable cuando en tantos casos estas acaban siendo abandonadas por cuantos advierten que esta
modalidad de venta, con tanta dejadez y laxitud, puede tener agotado su tiempo. Tempo clausus.
Lo de la Encarnacion no es ninguna excepción. Acabado el bullicio inicial, ahora es un
espacio decadente, un desolado laberinto casi inactivo que al igual que todas
tiene sus propios problemas por resolver, salvo que no todos los placeros aciertan
en sus criterios, y lo mismo piensan que las soluciones se las harán otros, lo
cual es lo mismo que repetir aquello de cuando
le hicieron las cuentas, por no echar cuenta de las suyas, cuando la
provisionalidad, y que posiblemente no las lleguen nunca a realizar ni bajo las
setas, pues le viene de los tiempos del
miedo el no señalarse, cosa que les va marcando su finiquitado futuro.
Cierto es que solo se quedan las pocas plazas municipales
que se conservan como tal, y que mantienen factores originales en lo que todo
depende de todos, y que sin
individualidades optan por realizar acciones
de forma colectiva que las llevan a potenciar los valores existentes, innovar
para sumar atractivos a los clientes para la compra placer, y desterrar todos
los elementos negativos posibles, tratando de paliar las deficiencias que por
sabidas son del conocimiento de todos
los placeros, tanto en las que corresponden a la gestión municipal, como a la
adjudicataria de los servicios generales, que en este caso coincide que sea la empresa
constructora y que por un causal es la concesionaria la edificación, y por
supuesto las comerciales, para la recuperación de las ventas en la degrada
plaza municipal de abastos.
Alcanzado este punto de deterioro del hábitat, se hace más
que difícil que puedan seguir sobreviviendo, y en breve llegaran al punto de la peligrosa extinción, sin que nadie haya realizado el mínimo esfuerzo para evitarlo, es lo que hay, lo que lleva a
pensar que hasta los kakapos de las antípodas tuvieron más suerte y se recuperan poco a poco gracias a los
planes de actuación.
Sevilla a 5 de Diciembre de 2016
Francisco Rodríguez Estévez
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