Llega la Esperanza, como cada año anunciándonos la
Encarnacion. En la de las setas ya le vino que para la inauguración no fuera
algo esperanzador cuando se había pasado y en la desesperanza del día después
los villancicos se cambiaron por batucadas, y el doctor no tuvo su día de
gloria cuando buscó la salida desesperadamente por la puerta del sótano.
Hace seis años, y en la Encarnacion de las setas no aparece
la puerta de escape, ni parece que tenga salida cuando apenas queda la
esperanza de aguardar un futuro donde no se hace nada por abrirle paso. El
futuro se abre a la esperanza, a pesar de que en lo de la Encarnación la
desesperanza puede acabar cerrándole previsiblemente para siempre, tal que fuera
un laberinto sin salida, sin puerta, que solo muestra la desolación.
En el laberinto de lo de la Encarnacion, la plaza municipal
de abastos es su reflejo. La plaza esperada en la eterna provisionalidad por
los “pobresitos placeros”, ahora hace seis años que le llego aquella jornada
dominical como auspicio del doctor que en postrera ocurrencia tuviera el
decidir qué pasada la Esperanza abrir las puertas de pesadas hojas
aleatoriamente colocadas.
Puertas de nulo
sentido para un recorrido comercial, y que
pasado el tiempo, seis años, el desolado viario hace parecer que el futuro se
hace cada día más incierto, mas aun con
la falta de puerta que se hace, de entrada más difícil, y de salida casi
imposible, por la enorme devaluación que
hizo a los “pobresitos placeros” mas si
cabe por la falta de atención de las responsabilidades municipales, como ha
venido a suceder.

En la desesperanza, en la preocupación de que por laxitud, esta
plaza municipal en proceso decadente pueda desaparecer, cuando por su emplazamiento
aun mantiene el halito de comercio que en la disposición de aquellos otros placeros hace dos siglos okuparon el
solar a nada que el francés se fue de najas, para que fuera el referente comercial de la capital de
Andalucia durante décadas.
En la actualidad bajo las sombras alargadas de descomunales
estructuras de madera, al parecer inspiradas en las de una arboleda inexistente,
un sinuoso callejón a burdo remedo de “Cardo
Maximus” escondido tras el parterre de la fusta, o tapado por la carpa repleta
de sillas y mesas, dificultan llegar hasta las pesadas hojas de las puertas
colocadas por pares, en un claro ejemplo del desacierto.
Sevilla a 18 de Diciembre de 2016
Francisco Rodríguez Estévez
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