Por higiene
Mi distinguido e ilustre visitante,
ahora es profesor. Cierto es que durante algún tiempo fue Ilustrísimo Señor,
pero como todo en la vida tiene su tiempo, decidió que donde mas le gustaba
invertir el suyo era en impartir clase en la Universidad, enseñando
a edificar, fuera aparte de disfrutar con la familia, los amigos y el deporte,
practicando las medias distancias en carreras no competitivas, manteniendo un físico
exento de grasa.
Cosa que con tanto lustre, estaba perdiendo, cuando menos un
tiempo precioso vista la experiencia.
El caso es que acertó a pasar por lo de la Encarnación, y tuvo el detalle de entrar a saludarme. Por
suerte también tuvo la delicadeza de no preguntarme por lo de la puerta, algo mas que sabido, pero
era algo tan claro, que incluso al ser la primera vez que visitaba el laberinto,
aquello no le era desconocido, acaso por
su profesión, pero a nada entrar ya advertía las deficiencias a primera vista
que todo hijo de vecino puede observar.
Era pues evidente que faltaba la puerta, justo donde sus
acompañantes pensaron, como todo el mundo, que debería de encontrarse.
El sabe que las responsabilidades están al tanto de esto, las
dos, las ilustrísimas y las otras, que en lo de la Encarnación, Jano bifronte,
es el lugar donde lo serio siempre se hace guasa, y la broma, seguro que en este caso debe de ser
comida que la cosa está mu mala, por lo que no queda otra que esperar que algún día ambas lleguen
al razonamiento de esta deficiencia, que junto con otras muchas, se aprecian en una
plaza de abastos municipal, icono emblemático, que se salta a la torera la mismísima
Ley de Accesibilidad, y lo que haga falta.
Sabiendo del disparate que se aprecia en este espacio, centrándonos solo en la
plaza de abastos, y siendo profesor
universitario en esta disciplina académica, pues como que no quería, aun
sabiendo lo que hay, hacer ningún comentario al respecto, pero de verdad , es que
viendo aquello in situ, que otra cosa son las teselas de la colonia hispalense,
y comprobando la pésima disposición del deforme espacio
tipo ameba, donde en lugar de encontrar la diafanidad que se recomienda en los lugares comerciales, pero a este le dejaron hasta treinta
y seis enormes columnas revestidas de formica, convertidas en treinta y seis
serios obstáculos, cuando seguro que con mejor diseño, podían haber sido fácilmente
evitados.

Comentamos brevemente la penosa actuación, de entrada, que con el
silencio mantienen las dos responsabilidades, y de salida como una puerta la callada actitud, lo cual nos viene a indicar el
nivel, por cuanto es lo de la puerta algo tan sencillo como llamar por teléfono
a una empresa de puertas de aluminio automáticas, y no ya solo por cumplir
la Ley que hasta el momento se
desobedece, más por higiene.
Resulta ser que es en las asas de los carritos de plásticos de
los híper, donde se pueden contar el mayor número de agentes contaminantes, pues
son muchas las manos de distintas personas los que lo tocan, pudiendo ser
transmisoras de enfermedades.
Por higiene, las puertas de estos establecimientos son automáticas,
por higiene las de
la Encarnación,
las aleatorias puertas de lo de
la Encarnación deberían de cambiarse, aunque solo
fuera por higiene, pero seguro que, y es verdad que nunca pasa nada, hasta que pasa, por lo
que resulta probable que dirán que esta disposición no aparece en la ordenanza,
nueva ordenanza, pero el caso es que ni siquiera miraron el antiguo reglamento
de mercado que estaba en vigor, cuando le metieron mano, no sin cierta suciedad, pues como si no, se podrían
encontrar tantas deficiencias.

Acaba la visita de saludo, se marcha, le despido dándole la
mano excepcionalmente, pues por mi trabajo este gesto tiene que evitarse, no cabe este contacto manual, y por cortesía abriendo la pesada puerta para que salga, algo que no puede
realizar una persona de movilidad reducida, ni muchas personas mayores con
facilidad, menos llevando a menores en carritos.
Ni que decir tiene que siempre que cojo una cestas del súper
las envuelvo en el plástico de una bolsa desechable, y cuando toco alguna
puerta, en estas de las de
la
Encarnación, ya sea de entrada y salida, las de los escondidos
aseos, o las del cuarto de las basuras, que son dos como las responsabilidades,
pues, siempre, pero siempre, siempre, por higiene, por antigua buena costumbre,
me lavo las manos, justo en el ojo de detergente con lejía donde se desinfectan
los paños de la limpieza, y luego las enjuago con agua fresca.
Sevilla a 11 de abril de 2014
Francisco Rodríguez Estévez