miércoles, 26 de noviembre de 2014

En carne ¿qué?

La paradoja es que cuanto más bajo cae el consumo de la estupenda y sabrosa carne de vacuno, la televisiva, pura piltrafa, es con diferencia la que más demanda tiene.
El “homo erectus”, siempre en alza, mantiene su cotización en esa bolsa de los índices de precios del consumo (antes cesta de la compra), que más que bolsa es caja de escándalos convertida en caja registradora. Alimentada de caspa, la silicona, los posados,  las infidelidades y las sobras del marisqueo, boyeras aparte,  la espongiforme caja tonta, se cobra la adición de sus consumidores.
Resulta ser que todo vale para aumentar el numero de estos. Gusta consumir las descarnadas difamaciones; los robados en la chaise longue; que decir de los sinuosos y retorcidos vis a vis de caoba y crin; chirridos de somiers; mamporros tauromacos y mamporreros de neonatas rosas. En cueros vivos, vulgo en pelotas, desnudos y sin soporte, como siliconico pecho de folklórica se dejan ver hasta los centauros del carbono, que vistieron el oropel de publicidad, cuando este efímero sostén le retira el glamour y dejan ver en sus carnes las marcas que dejaron las hojas de rutas.
En tanto la atención se centra en la encarnizada lucha dialéctica que sostiene la Encarni con el agente inmobiliario, a fin de cancelar la hipoteca, las aventadas cenizas de Encarna aun calienta el rescoldo rosa del circulo vicioso, y la Encarnación, que era buena ¿Dónde estás corazón?
Quiere resurgir sin hipotecar el futuro. Las estupendas almejilladas salen de la cómoda y se acomodan en los saloncitos dando ese toque fashion de fondo de armarios  que se están  quedando cada vez mas vacíos. La carne de astados es de sabor fuerte y economica, la de los astados debil y cara, como la moluscada de bivalvos por su penetrante sabor a mar.
El hincar hincha los objetivos en noches de encarnaciones, fácilmente olvidadas, hasta que el ADN detecta si el que hincó encarnó gozando, de maltrato, o de favor.
En tanto, todo pasa su código de barras por la caja, en las escarpias languidece, como sensuales instantáneas de Thorpe, la estupenda y sabrosa carne de vacuno que se expone en los rastreles de las carnicerías del mercado de la Encarnación, y en la romántica placita de la Encarnita su fuente pierde la cabeza, y además hace años que ni moja. Luego dicen que, solo las vacas comen yerba.
Sevilla a 2 de Octubre de 2003

Francisco Rodríguez Estévez
Solo cabe esperar

Ni fastos, ni celebraciones, ni otoño caliente, ni nada de nada, no está la cosa para dispendios aunque los mereciera para recordar el tiempo pasado. El treinta aniversario llega en silencio, una callada tristeza con más pena que gloria.
No hay algazara, ni tan siquiera provocación más allá de las dos pancartas, que quedaron de otro tiempo, suspendidas en la puerta, y que aun lucen en el arrinconado mercado, cada vez mas sombra de sí mismo.
No obstante, esta ocasión no ha pasado inadvertida para una parte de la ciudadanía que tiene previsto, a tal fin, un acto de encuentro con motivo de esta efeméride de olvido. El acto tendrá lugar tres días después de que se cumplan los treinta años de provisionalidad, en este tercero del III milenio, en una fecha llena de cabalística numerología para recordar el pasado y demandar el fututo, reclamar la Historia sin olvidar la modernidad, velar por la tradición y exigir la vanguardia de los tiempos que corren, y sobre todo reclamar celeridad y evitar los frenazos, paradas técnicas dicen, tan dados en este lugar desde que se demolió la plaza de abastos, y que es conocido, más que por su historia, por la indolente actitud demostrada a lo largo de tanto tiempo.
Diez mil novecientos cincuenta y siete días lleva el solar de lo que fue el mercado de la Encarnación, esperando que le reconstruyan, treinta años es demasiado tiempo para todo, incluso para esperarle.
Los plazos predicen que si todo marcha bien, tampoco se acabará en este recién estrenado ciclo del pacto de progreso, apenas que suceda un pequeño contratiempo, por lo cual  la predicción cubana se saldrá con las suyas y un nuevo lustro tendré que esperar aguardándole. Al menos, para entonces, espero estar cobrando mi merecida jubilación, y es que el tiempo hasta en las peores condiciones se pasa volando. Por lo tanto solo cabe esperar que algún día aquello se termine y recuperemos el mercado, la plaza de toda la vida, pero todo es de temer.
Sevilla a 27 de Septiembre de 2003

Francisco Rodríguez Estévez

n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

El Mejor Amigo del Político: El Chivo Expiatorio

¿Estamos a setas o a Rolex?
¿Estamos a setas o a Rolex?
No solemos en esta casa repetir escritos que ya hemos publicado, sin embargo, creemos que esta vez y para el caso que nos ocupa, poco podemos añadir a lo que ya escribimos hace la friolera de casi dos años. ¿El asunto? La denuncia del ayuntamiento de Sevilla –con su alcalde Juan Antonio Zoido, Partido Popular, a la cabeza- contra Jürgen Mayer, a cuenta de los errores que llevaron a Metropol Parasol (AKA: Las Setas de la Encarnación) a doblar con creces su millonario presupuesto.
Si en aquella ocasión Zoido amenazaba con pedir todo el sobrecoste, la noticia que estos días rebota por la red nos habla del encargo de un informe pericial (Más de 76.000 euros, que ya es decir) para contemplar la viabilidad de reclamar a Mayer 4,2 millones por deficiencias en los proyectos básicos y de ejecución por los que ínclito alemán cobro la bonita suma de 848.000 euros.
El texto, originalmente publicado el 26 de marzo de 2012 y que solo hemos retocado levemente, es el siguiente.
REJOYCE.
Entre todos la mataron….y ella sola se murió.
No sé qué les parecerá esta nueva versión del refranero, pasado por la bética y por la maravillosa casta política gobernante, sea del color que sea. Porque tengan claro que si hay algo en lo que nuestra querida partidocracia consigue poner de acuerdo a tirios y troyanos es en cumplir, a rajatabla, el precepto del chiste de la nacionalización y las bicicletas.
¿No lo conocen? Atiendan:
En un pueblecito deciden que están hartos del caciquismo y que van a nacionalizar los medios de producción. Estilo koljos, pero con chistorra y boina a roscachapa. Así, los líderes gritan:
- ¡Y los tractores serán comunales!
A lo que el enfervorecido proletariado contesta, todos a una:
- ¡SI!
Y continúan:
- ¡Y los arados serán comunales!
A lo que contesta el respetable:
- ¡SI!
Y rematan:
- ¡Y las bicicletas serán comunales!
En ese momento, uno de los vecinos levanta la mano y contesta, airado:
- Ah oye, no jodamos, que yo bicicleta tengo.
Pues lo mismo: Los políticos de este país (no jodamos), bicicleta tienen. Todos.
Y ello hace que les veamos a todos unánimes cuando se propone bajarles los sueldos; que sean un solo hombre a la hora de no recortarse privilegios o que se tapen las desvergüenzas por colores unos a otros aplicando la vieja fórmula del “¿No nos haremos daño verdad?”. Es decir, que pidan a otros lo que ellos mismos son incapaces de aplicar, que practiquen el noble arte del rasgado de vestiduras (público y notorio) para con los desmanes de los demás, pero nunca para con los propios. Que exijan –en suma- unas responsabilidades que ellos mismos hace tiempo olvidaron que debían aplicarse en altísimo grado.
Es con este concepto puramente españistaní en mente con el que recibimos la noticia de que el Ayuntamiento de Sevilla piensa reclamar a Jürgen Mayer por el sobrecoste de Metropol Parasol.
No les cuento otra vez la historia para no aburrirles. Creo que está claro qué opinamos en esta santa casa del proyectito, el mayor exponente del neoliberalismo icónico en Andalucía aderezado en este caso, nobleza obliga, con video-final de fiesta by Ove Arup.
Empecemos por decir que no tenemos especial interés en que nadie transite por un juzgado. Y menos un compañero. Aunque sea un compañero algo peculiar, como es el caso de Jürgen Mayer, que va ganando concursos de ideas con proyectos que no pueden hacerse por el presupuesto de licitación. O dicho más clarito: que gana haciendo -aparentemente- trampas a sus propios compañeros.
Añadiremos que en TODOS los contratos que hemos firmado con la administración, es común la cláusula que indica que, en caso de existir un modificado y de ser este achacable al mal hacer del redactor del mismo, a errores de su parte o a cualquier otro motivo que no sea una causa de fuerza mayor completamente justificada e imprevisible, el propio redactor será responsable civil y penalmente (Ojo, nada de bromas aquí, que hablamos de cárcel).
Dicho esto, y asumiendo que si el proyecto debía costar 50 millones y ha costado más de 100 alguien ha metido la extremidad hasta el anca, la pregunta es evidente:
¿Es Jürgen Mayer, tan piernas y tan malo-malasombra como pudiera ser, el único responsable del fiasco?
La respuesta es, evidentemente, NO.
El objetivo del ayuntamiento de Sevilla no parece ser otro que el de buscar un bonito cabeza de turco propagandístico que pudiendo ser culpable no lo es desde luego sólo, sino en compañía de otros. De muchos otros.
Porque, y empecemos desde el principio:
1.- ¿No son responsables los miembros de un jurado que se toman su altísima responsabilidad a chicota y que profundizan menos que el capitán Cousteau en un charco? ¿No lo son cuando, en el cumplimiento de su (y no bromeo) sagrada función no se aseguran de que aquello que están eligiendo como proyecto ganador puede efectivamente construirse con el dinero que aparece especificado en las bases que les obligan? ¿O es que quizá el jurado era, simplemente (y muy simplemente, en su doble acepción) un jurado estético y no nos hemos enterado?
Hasta donde uno sabe, si el concurso especifica sus parámetros en unas bases y esas bases incluyen -como no puede ser de otra manera- un PRESUPUESTO DE LICITACION (Es decir, el dinero que hay para la obra) ¿No es labor del jurado analizar las propuestas teniendo en cuenta todos los parámetros, incluido el económico?
Y no, queridos amigos, no me vengan con que eso no se mira, con que no había tiempo. Si no había tiempo para hacer una labor decente, si no tenían los medios o si, sencillamente, no sabían ustedes, la solución es fácil: Abandonen el jurado. Abandonen y hagan constar en acta porqué.
2.- Siguiendo el hilo: ¿No tiene nada que decir la constructora que licito el proyecto? Cuando se licita un proyecto de construcción se recibe el (valga la redundancia) proyecto de construcción como documentación básica. ¿No se lo miraron? ¿Le hicieron el número gordo? ¿No tienen a nadie que fuera capaz de detectar que aquello era (y cito) “Inviable” por un error en la estructura o en la cimentación de los parasoles? Si era tan inviable ¿Cómo no se dieron cuenta?
3.- Y llegando a lo fundamental:
¿Quién aprobó los modificados que incrementaban el presupuesto? ¿Quién decidió seguir con la obra? ¿No fueron acaso los políticos del Ayuntamiento de Sevilla? ¿Acaso Jürgen Mayer se sienta en el salón de plenos del ayuntamiento de Sevilla y vota él solo, reunido consigo mismo, por unanimidad?
¿No tienen ninguna responsabilidad quienes están al cargo del dinero público, que son quienes deben administrarlo?
¿Nadie en todo el gobierno de la ciudad de Sevilla se planteó en algún momento parar el desastre y repensar las cosas?
No. Por lo visto no. Recuerden: En el caso de los políticos, todos tienen una bicicleta. Incluso con ruedines.
Sólo así se explica que el actual alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, se nos ponga dignísimo y demuestre una vez más que el mejor amigo del hombre no es, como podría pensarse, el perro…. sino el chivo expiatorio.
Porque, y por favor, no me hagan lecturas partidistas de esto, que lo mismo me da… que me da lo mismo, ¿Qué tiene Juan Ignacio Zoido, Partido Popular, que decir de los excesos presupuestarios de Calatrava, firmados por sus compañeros de partido de Valencia?
¿Recomendará Juan Ignacio Zoido a sus allegados políticos valencianos que procedan de igual manera con el suizo universal? ¿Cuál es la postura pues del Partido Popular, la que defiende en Sevilla? ¿O quizá la que adopta en Valencia?
¿Es quizá mejor el sistema Valenciano, en el que los contratos de Calatrava no solo le eximen de cualquier responsabilidad en los modificados sino que además le aumentan los honorarios proporcionalmente, sean o no achacables a su labor?
¿Dónde está esa rueda de prensa de Don Juan Ignacio en la que, por coherencia, afee la conducta a los responsables de bonitos fiascos como son la ciudad de las Artes de Galicia, la Caja Mágica de Madrid, el Auditorio Princesa Letizia de Oviedo…? ¿O es que la coherencia, como las bicis, tampoco la vayamos a hacer comunal… por lo que pueda pasar?
Y por no centrarnos solo en un lado del hemiciclo, y para que vean que en todas partes cuecen habas ¿La furibundia con la que el PSOE de Valencia critica los desmanes Calatravianos… la pierden al pasar Despeñaperros? De nuevo: ¿Cuál es el criterio del PSOE, el que defiende en Valencia o el que exhibió Alfredo Sánchez Monteseirín con Metropol Parasol?
O quizá el criterio, no nos engañemos, es que a mí la bici que no me la toque nadie  porque el infierno son, siempre, los demás.
Durante demasiado tiempo, en esta profesión, inútiles atrevidos e inconscientes de camarilla han querido hacernos creer –Y lo que es peor, lo han conseguido en escuelas y clases de proyectos- que lo que hacemos es un juego. Pero no un juego como pueda entenderlo Johan Huizinga en “Homo Ludens” (Nada hay más serio que el juego) sino, antes al contrario, un ejercicio especulativo exento de responsabilidades en el que el recurso a una supuesta investigación ha ocultado el imperdonable olvido de la realidad social de la arquitectura. Una realidad que pasa indefectiblemente por aspectos económicos y que tiene uno de sus pilares fundamentales en la asunción expresa de responsabilidades sobre aquello que se proyecta.
Desde este punto de vista, es más que probable que mucho sea lo que tengamos que exigirle a Jürgen Mayer. Sin embargo, flaco favor estaríamos haciendo a esta sociedad -a la profesión- si permitiéramos que los responsables últimos, aquellos a quienes por su CARGO PÚBLICO puede y debe exigírseles el máximo, pasaran por este trance de rositas, mirando al tendido y cantando a voz en pecho “pió, pió, que yo no he sido”.
Metropol Parasol, el proyecto y quizá el propio Mayer, no son la enfermedad. Son solo un síntoma, tan grande, tan mal construido y tan caro como se quiera. La podredumbre, la enfermedad, sin embargo se extiende mucho más allá. Es mucho más profunda y pese a que el asunto pueda servir como aviso a navegantes para retomar el debate sobre el concepto de responsabilidad (tan necesario), no serán estas soluciones cosméticas, sesgadas,  parciales y populistas las que nos sirvan para erradicar el problema.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Mas de cuarenta años sirviendo las carnes a la cocina de la duquesa, y Carlos Marmol, periodista,  tambien cliente de nuestra casa, a tenido a bien en su articulo hacer mencion de esta circunstacia.


ADIÓS A UN MITO

Almuerzos en las Dueñas, seducción de dinastías


Las élites son como las familias: necesitan reconocerse. Que lo hagan para imitarse o para enfrentarse no importa mucho. Entre las aristocracias se trata de costumbres sucesivas. No es trascendente que el origen de un linaje sea la guerra o la propiedad de la tierra y el acceso del otro a la cúspide se produzca por las urnas. Los poderes se seducen mutuamente, predican siempre para los demás y aunque sus caminos hacia la cima sean diferentes su comportamiento está lleno de analogías. Por eso no resulta nada extraño que uno de los rasgos que mejor definan la vida de Cayetana Fitz-James Stuart, última duquesa de Alba, sea su cercanía con ilustres personajes del socialismo patrio; en concreto con la generación que desde Andalucía triunfó en Suresnes y llegó a gobernar la España de la Transición.
Procedentes de orillas antagónicas, ambas estirpes mantuvieron contactos, celebraron sus divergencias y encarnaron el espíritu de lo que entonces se llamó la concordia. Cayetana no lo confesó hasta el final, al presentar sus memorias: «Voté a Felipe, que era simpatiquísimo y muy atractivo». ¿Una duquesa votando a un socialista? Sí, pero los motivos eran personales (maritales, en realidad) más que ideológicos. Cayetana siempre fue fiel a su clase: nunca dejó de ser una aristócrata. Su rebeldía fue meramente epidérmica. Se había criado en un mundo donde a los progenitores se les llama de usted y se confesaba ultramonárquica. Su contacto con la intelligentsia comenzó tras su matrimonio en 1978 con Jesús Aguirre Ortiz de Zárate, doctor en Teología, sacerdote y responsable de Taurus, editorial a cuyo amparo se acogieron los intelectuales de un socialismo que sólo un año más tarde dejaría de ser marxista. Aguirre bautizó, confesó y casó a todos los miembros de esta cofradía después de someterlos a sus famosas homilías. Prueba de su influencia sobre esta grey es que durante la presentación de un libro de su editorial sobre los discursos parlamentarios de Julián Besteiro preparada por Fermín Solana fue donde Felipe González confesó por vez primera que era secretario general del PSOE.
Desde entonces la aristócrata más sevillana y la izquierda indígena comenzaron a tratarse con promiscuidad. Por Liria pasaron Tierno Galván, Fernando Morán, Solana, Maravall, Peces Barba, Boyer y Javier Pradera. El cura extendió la costumbre de las veladas privadas a la residencia de primavera y otoño de la Casa de Alba, el palacio de las Dueñas, donde el matrimonio citaba a las aristocracias ciertas y fingidas de Sevilla. Las reuniones eran iniciáticas. «Los grupos no eran grandes: seis y ocho personas máximo». A los duques les divertía mezclar a sus invitados. «El portero te preguntaba antes si tenías algún problema con los demás, incluidos los compañeros de partido», narra un socialista que acudió a estos almuerzos. «Te podías encontrar con Semprún o Lázaro Carreter. Rara vez se hablaba de política. Cayetana y el duque ejercían de anfitriones de sus amigos: Curro Romero, Soledad Becerril o el hermano mayor de Los Gitanos. El menú era sobrio pero de calidad». Las viandas se las compraban a Guillermo, el mejor carnicero del mercado de la Encarnación.
«Cayetana no era del PSOE, pero le interesaban las personas», explica otro invitado. Aguirre era el centro de estos cónclaves donde dos dinastías gemelas -la nobleza secular y la clase política emergente- se seducían sin descanso. Hasta Alfonso Guerra, azote retórico de los señoritos andaluces, pasó por el palacio, aunque el pretexto fuera un homenaje a Machado. «Había invitados que iban por educación y otros que estaban encantados de ser convocados», cuenta un socialista. Muestra de esta estrecha relación es el nombramiento como comisario de Sevilla para la Expo 92 de Aguirre, que dimitió cuando Rojas Marcos quiso devolverle el protagonismo a la Sevilla Eterna. Diez años antes Felipe González ya le había ofrecido -sin éxito- la embajada de España en Bonn. Cayetana dijo que no.
Los Alba eran clásicos del protocolo hispalense. Fueron a las tomas de posesión de Manuel del Valle y Uruñuela. «Se interesaban por Sevilla y el Ayuntamiento sacaba partido de su influencia», recuerda un político que fue testigo de cómo el anterior duque de Alba movió sus contactos con La Caixa para pagar el pabellón de la ciudad en Plaza de Armas y convenció al lobby judío para financiar el Monumento a la Tolerancia. A las sobremesas de estos otoños sevillanos fueron socialistas como Paco Moreno, Alfonso Garrido y Bernardo Bueno. El ritual estaba medido: el aperitivo se servía en el piso superior; después llegaba el almuerzo. Acudían personajes como Carmen Tello, Moreno de la Cova o los Benjumea, sin olvidar a los toreros. Otras veces las citas eran algo más íntimas: sólo con el matrimonio, perdido en los extremos de una inmensa mesa de protocolo.
A estos encuentros no faltaron los tres presidentes de la Junta: Borbolla, que iba con su mujer; Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Chaves fue quien concedió a Cayetana en 2006 la medalla de hija predilecta de Andalucía, una decisión contra la que el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) organizó una protesta a la que la duquesa respondió llamando «locos y delincuentes» a los jornaleros, palabras que le costaron una condena por injurias y 6.000 euros de multa. Después de la muerte de Aguirre el romance con los socialistas se dilató pero no cesó: Cayetana fue al nombramiento de Felipe González como hijo predilecto de Sevilla en 2012 ataviada con un vestido rojo y con joyas diseñadas por el ex presidente. Un año antes Monteseirín dedicó su último acto como alcalde en funciones a inaugurar la estatua que había encargado a Santos Calero para inmortalizar a una joven duquesa en los jardines del Cristina. Cayetana ya tenía una glorieta dedicada entre Torneo y La Resolana, frente a la Barqueta, pero al primer edil socialista le parecía poca cosa para sellar los vínculos de la Casa de Alba con la generación de socialistas que en su día gritaron que a la España nobiliaria no la iba a conocer ni la padre que la parió. La irresistible seducción de las lejanas tardes en las Dueñas se llevó por delante la retórica jacobina. «Los de entonces, ya no somos los mismos» (Neruda).
La palabra

Las dudas estarían disipadas, si no fuera porque sus antecesores también la dieron, de hecho todos las dan, palabras, palabras. Cada vez tiene menos valor la palabra, y eso que los contratos verbales todavía tienen validez jurídica, pero son tan alegremente dada por la clase política que pierden todo su valor, de hecho la  tienen fácil, la ofrecen sin detenerse a pensar las consecuencias de la dadiva verbal, regalando los oídos a la bulla hostil con generosas y tranquilizadoras promesas.
 El pacto de progreso, a través de su máximo portavoz, empeña la suya en esto de la Encarnación, y nos promete un edificio emblemático. Este calificativo es totalmente nuevo, hubo quien dijo mercado moderno, a otro le oí decir que sería de cine e incluso del que todos hiciera que nos sintiéramos orgullosos. Palabras, palabras.
También hubo quien llevándolo a los sótanos, en planos y proyectos fallidos tuvo tal desfachatez que lo llamó mercado tradicional. Palabras, palabras y palabras.
Esperemos a que pase este periodo de estío y una vez aplacado el furor de las manifestaciones de mortuorias y negros crespones, que ya son ganas de disparatar, y cuando los ánimos encrespados vuelvan a la serenidad podamos oír en las palabras del Alcalde como tiene previsto lograrlo.
Sevilla a 5 de Julio de 2003

Francisco Rodríguez Estévez

viernes, 21 de noviembre de 2014

Treinta años y tres días

Nos las prometíamos muy felices y no pudo ser. Lamentablemente está visto que no hay manera de penetrar la mirada más allá  de la panorámica de desolación que el ventanal ofrece en el acorazado solar de la Encarnación.
No faltaron los invitados a la cita, ni el sol en la brillante mañana del cuidado acto tras los últimos días de aguaceros, ni tan siquiera faltaron los curiosos transeúntes sumándose a lo que acontecía.
Estaba todo a pedir de boca excepto el papel. Faltaba el papel, mas de cien personas y no teníamos el papel en cuestión, un permiso. Una documentación solicitada en tiempo y forma por los cauces establecidos, todos los posibles e incluso por los cauces de favor, un trámite concedido mil veces de palabra pero no llegó.
En su lugar, una llamada telefónica unos minutos antes, para desdecir el prometido documento y, con un argumento infantil, por no llamarle infame comunica la negativa a visitar la excavación arqueológica en lo de la Encarnacion : “ Tras los días de lluvia el yacimiento arqueológico está intransitable”.
Me pregunto qué pensaba el comunicador de la misiva telefónica. Tal vez intuyó que la centuria de hispalenses que esperaba visitarlo realizaría un guateque sobre las teselas de los mosaicos de los pavimentos romanos. Quizás que celebrarían una barbacoa en el ábside de la basílica paleocristiana, se temerían que prepararían unos pinchos morunos en la casa almohade, o practicarían puenting desde lo alto del lienzo de muralla.
Fue una oportunidad histórica para no esconder más la historia de tanta historia de ocultaciones, a menos que se encuentre otra explicación. Es cuestión de preguntar. Acaso treinta años y tres días no hayan servido para nada.
Sevilla a 4 de Octubre de 2003

Francisco Rodríguez Estévez
De Latines
Tiene su guasa que a los años le pongan nombre. Al contrario de otras culturas que lo tienen predeterminado desde hace milenios, en esta del tercero los bautizan por San Silvestre. Tras el annus horribilis, nos llegó el annus pervesus y posteriormente el annus XXX, llamado triple equis, pero que no tiene nada que ver con un ciclo de cine porno  si no en el que cumple lo treinta años lo de la Encarnación. Una tríada para no dormir.
Aun tendremos que esperar para saber cómo llamaremos al siguiente será annus sperabilis, por ser el que hay que esperar para que definan la situación, tanto de la excavación como las líneas de actuación para la realización del emblemático; annus desesperationis por que será el de la desesperación de los placeros; annus extrico por que durante el se desenredarán todos los entuertos; annus tyranicus por que  puede ser que acabe lleno de falsedades.
Cuatro annus de pactum de progresus para saber si fueron anni fructifer o anni amissio ruinae, para la Encarnación de los treinta y cuatro annus indecorus.
Cuando llegaron los placeros al sukab de la provisionalidad algunos creyeron que el transito duraría algo más de los tres años que prometieron las autoridades del momento, pero fueron muchos en especial los mayores que algo se jamaron cuando auguraron aquello de que de aquí no salimos. ¡Qué razón tenían ¡
Sevilla a 4 de Enero de 2003

Francisco Rodríguez Estévez