Plaza
de silencio, plaza de abastos
El
tiempo hace cambiar los hábitos de compras, todo cambia con las modas y los
gustos,pero son otras causas las que están ocasionando que en las plazas de
abastos el tradicional bullicio haya sido cambiado por un silencio tan
sepulcral que en ocasiones produce espanto.
En la
Boqueria de Barcelona, con 323 paradas o puestos, por suerte y con el apoyo del
Ayuntamiento a sus vendedores, se genera una afluencia de público superior a
20.000 visitas diarias. En la Encarnacion de Sevilla no pasan de convalecerse y
llamarles pobrecitos placeros, pero eso, sí, con mucho mimo
Es
difícil aceptar el espanto, acaso por eso sea que al ver aquello tubos
sosteniendo durante décadas el asbesto provisional
sigue produciendo estupor en los viandantes, por más que el asombro que les
causa ahora, solo sea pensar cómo fue aquello de que se pudo consentir hacer
allí semejante cosa.
La
respuesta al enigma se encuentra en el silencio, siempre el silencio. Es
difícil acostumbrarse al silencio, pero es evidente que en él está la solución
a la pregunta mental, que se hace el peatón al ver aquello que le produce tanto
espanto, con solo pensar que lo que en cualquier momento puede aparecer allí, y
no solo en sueños, con estas caprichosas
construcciones que transfiguran esta ciudad de las personas dormidas.
Sevilla
ciudad de Encarnaciones. El sueño de la Encarnación, sueño emblematico, se
acerca a su final. El despertar tiene fecha ignota, data desconocida, con
probalidades cercanas a las llamadas a los comicios.
Después
de todo el tiempo, y lo que se ha tardado, duele tener que ver aquello que
desnaturaliza la plaza que nunca volverá a tener la plaza de abastos, aquella
que tomaron los vendedores tras la huida del ejército francés. Plaza de madera,
plaza amable, plaza de veneración, plaza de mis carnes, plaza de chapas, plaza
provisional, plaza eterna.
La
vanguardia, la epatante cubierta, el botellodromo, el mirador, aun no tiene el
revestimiento nube, ni el grafiti fácil, por el momento rampas y escalinatas en
granito gris para recordar más si cabe a la pirámide de Teotihuacán, que a la
teobroma, esta comida de dioses, aquella morada de los dioses, tumba azteca que
acogieron a las momias del pasado, y Dios mediante a las del futuro porque no
hay un dios que se entere por lo que puede salir aquello que verlo produce
espanto. Plaza de setas, plaza champiñón, plaza de escaleras, plaza de
silencio, plaza botellón, plaza de mítines, plaza de concertación, plaza de
indigencia, plaza sin sol.
Ver
aquello, ver para creer, que tuvo inspiración en la casa de Dios, “que nos
tomen por locos”, ver como aquello impune devora los cielos, sigue causando
asombro al igual que ver a cuantas personas se preguntan a si misma, como se
pudo consentir.
Sevilla
a 18 de Agosto de 2009