domingo, 15 de febrero de 2026

Crer, o no creer

 


Nada es para siempre, los compromisos de amor ya no son contratos que duran hasta más de lo resistible, pues cualquiera de las partes puede cambiar, acaso por eso, la fiabilidad de las palabras se pone en duda y con la duda la desconfianza. Cuesta entender que no crea nada, si al pensar que tal como lo que se logra pueda abandonarse, como juguete roto. Todo es como acaba, si algo empieza. 

El regalo de viento fresco vino roto, así quiere lo gitano el principio, me había hecho ilusión que lo colocara en su dormitorio, por si me manda sabría donde encontrarlo.

Ahora en la octogenia inaugurada tengo una amiga de la infancia que me conoce mejor que yo a mi mismo pero se equivoca, cuando cree que hablo como cazador furtivo o pescador de embustes mayores, y no es así. 

  Las palabras del corazón no quedan nunca en las predicciones que me dice, tal que aquellas parecieran embustes, en algo que no fue ni será, ni prestado, ni dado, ni comprado, ni entregado, ni ofrecido, que pareciera sacrificio u obligación, las palabras del corazón, cuando las dicta el amor encontrado, amor que no fue buscado, que no fue adquirido, ni forzado, ni sometido, ni inducido, ni perseguido, que siendo inesperado por deseado, no puede acabar abandonado como un juego, no puede haber temor de que suceda lo que le marque el destino, y será o no será para siempre, pero nunca un capricho.

El caso es que en esto paseos donde chocan el temor a defraudar y el miedo a sufrir, cuando recordamos el pasado y se está viviendo en el ganado confort, y resulta que todo aparece desalentador, un sueño senil, lleno de desconfianza cuando  siendo algo tan hermoso cuesta de creer. De poco sirve los esfuerzos en la duda, y para nada en la certeza del error, si nada es para siempre, y solo existe el presente, hoy.

Hoy la maratón nos ha permitido ver a corredores de todo tipo, hombres, mujeres, de distinta nacionalidad y razas personas delgadas, altas, bajas, jóvenes y maduras, todas corriendo en los límites de sus fuerzas, no se advertía mentira en sus esfuerzos, porque lo hacían de corazón, y con la pasión que lleva tan exigente prueba, es una carera de confianza en sí mismo, y se hace por amor e ilusión, cuando saben que no hay mayor premio que acabar, aun sabiendo que puede abandonar en cualquier momento, mas nadie se pone un dorsal pagando ochenta euros, para salir en una foto, que puede que también.

Es como aquel que opta a ese premio que tantos desean y sin estar preparado logra el preciado dorsal. luego en su vanidad de niño grande, en su rutina de capriChos, en su ego desordenado, en lo que porQUE se le dió así, No sabe que ha perdido.

En el fondo la prueba se comparte solo para sí, y no se ignora lo que se deja al paso  y puede dañar, cuando todo se hace por irracionalidad animal de mostrarse,

Y ocultar la caracteristica debiliidad del machoman, instalada en una mente infantil e inmadura.

Nada es para siempre, ya me gustaría, pero es cosa de dos para que sea uno, y así es preferible la duda, a no ser creído,  la verdad, a la mentira, los temores, a los infundios, y la desconfianza, a que no crea en el amor, porque este sea distinto a lo que llego a sentir aquella niña que jugaba con muñecas, cuando quedó emboscada en la rutina, calla, no eches cuenta, del que creo que no tenga el mínimo recuerdo. Yo, tampoco.

Sevilla a 15 de Febrero de 2026

Francisco Rodriguez

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